Si un cristiano trabaja en una radio secular o un
buen actor "evangélico" graba una película de Hollywood, si la mejor actriz de la
iglesia es invitada a participar de una obra no cristiana en el teatro, si el
mejor músico de la congregación es invitado a tocar en una súper banda del
momento que no es cristiana ¿Qué pensarías? Muchos pueden decir: ¡Eso no es de Dios!
Hace algunas décadas en las congregaciones desmotivaban a los muchachos para que no asistieran a la universidad porque allí corrían peligro con tentaciones, eso
me hace entender que consideraban que la luz de esos jóvenes no era suficiente
como para impactar.
La industria y el mercado cristiano se han
incrementado de una manera exuberante y eso debería hacernos sentir bien, pero
en realidad esto me genera una gran preocupación porque tenemos nuestro propio
entretenimiento “santo” y nos acomodamos, entonces nos olvidamos que
tenemos una misión: "Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y
háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo".
Dejemos de ser luz dónde ya hay luz, salgamos de la comodidad de las cuatro paredes y alumbremos en medio de la oscuridad.
¿Entonces qué, dejamos que se mezclen y se pierdan?
No, no se trata de dejar que se mezclen y se pierdan, se trata de que nosotros
seamos mejores cristianos, comprometidos y apasionados con Dios y entonces
seamos luz en todo lugar donde nos encontremos. Se trata de que debemos formar (discipular) de manera efectiva para que cuándo los muchachos vayan a la calle estén firmes en
sus convicciones y no tambaleen ante las propuestas que van en contra de la
integridad que la Palabra del Señor nos enseña.
Dejemos de ser luz dónde ya hay luz, salgamos
de la comodidad de las cuatro paredes y
alumbremos en medio de la oscuridad, no debemos ser simples espectadores de la
situación caótica del mundo. Ver desde las ventanas del templo no nos hace mejores o superiores, recuerda que ser discípulo te pone en la posición de siervo, algo que muchas veces olvidamos.
Compartamos el
amor de Dios en TODO LUGAR, que cada sitio en donde estemos presentes se
convierta en un altar de adoración al Gran Yo Soy.
Escrito por Julio Calo
Derechos Reservados
Escrito por Julio Calo
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