Mi amigo alcohólico


Durante muchos años tuve problemas en relacionarme con personas alcohólicas, sentía cierto enojo e incomodidad al tratar con ellas ¿Por qué me pasaba esto? Porque tuve un padre alcohólico, esta adicción provocó la destrucción de mi familia y creo que esas heridas me impedían la apertura con personas con este tipo de luchas.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de hablar con un viejo amigo, lo conocí en la adolescencia y desde hace algunos años tiene graves problemas de alcoholismo. Me contó como comenzó todo y como tocó fondo, la adicción ha destruido su vida, su familia y actualmente sigue en esa lucha, hizo su oración de fe, se reúne en un grupo y visita frecuentemente la congregación. 

A menudo lo saludo y mientras le doy un abrazo pregunto «¿Cómo te sientes, cómo vas?» Algunas ocasiones el olor a alcohol es notorio y me dice «está siendo muy difícil», en otras ocasiones el temblor de sus manos me dice que tiene algunos días de sobriedad, cuando me mira exclama: «estoy en la lucha», su rostro me transmite honestidad y puedo percibir que tiene una batalla todos los días, quiere ser fiel y le está costando.

Muchas veces solemos juzgar a las personas que tienen adicciones, las despreciamos, los tildamos "el alcohólico, el adicto" y les cerramos las puertas, no solo de nuestra amistad, sino también las puertas del templo «Los sanos no necesitan médico, los enfermos sí. Yo no he venido a invitar a los buenos a que me sigan, sino a los pecadores.» Marcos 2:17 PDT. Olvidamos que aunque hoy nosotros podemos vernos maduros y estables, algún día también estuvimos destituidos de la gloria de Dios, quizás hasta con una adicción que no se notaba públicamente, pero con la que tocó lidiar en lo secreto.

Gracias a Dios por mi amigo, confío en que muy pronto su problema solo será un testimonio poderoso que ayudará para que otras personas con el mismo problema se encuentren con su Señor.

Gracias a Dios por aquellas congregaciones que tienen un espacio para el que es despreciado, señalado y excluido, los ama y les predica el arrepentimiento.

Gracias a Dios por los cristianos que tienden la mano con hermandad sincera, aman y recuerdan que la gracia del Señor también los alcanzó.

Julio Calo — Autor | Comunicador
Tu actitud sí importa.

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