Salí de la consulta médica con un nudo en la garganta y una sensación de abandono; el diagnóstico decía que una parte de mi cuerpo se deteriora sin control y eso traería graves consecuencias.
En el camino de regreso a la oficina, fue inevitable derramar algunas lágrimas y levantar oraciones con preguntas como “¿Qué quieres que aprenda de esto, Señor?” o “¿Por qué, Señor?”.
Sonreír cuando el corazón está roto:
El aliento cuando ya no queda más
La esperanza del futuro que se acerca
La confianza de que todo pasará.
Mi ancla firme está, no temeré
Sé que tú conmigo estás
Me aferro a tu bondad y en el dolor
Me recuerdas la verdad
Tu amor a mí me sostendrá”.
Lloré con todo lo que pude y allí mismo le dije al Señor: “Sé que cuidas de mí, no temeré a lo que venga”.
Gracias, Majo y Dan, por esa letra tan oportuna para el que busca respuestas en medio de un caos. Quiero aclarar: que la canción no me sostuvo, ella solo fue un recordatorio de que quien sostiene es la mano de Dios.
La confianza de que todo pasará:
Han pasado algunos años de aquel diagnóstico y estoy bien, una segunda opinión médica y un tratamiento descartaron una enfermedad más grave; puedo decir que esto terminó bastante bien para mí, pero sobre todo porque ese trayecto de mi vida me recuerda:
“Tú, la paz que supera entendimiento
Tú, la fuerza que me vuelve a levantar
La promesa de que todo lo has vencido
La confianza de que todo pasará
La certeza de que pronto volverás”.
Una promesa para tu propio caos:
Si hoy estás en medio de un caos, quiero recordarte lo que Palabra nos enseña:
“Aunque yo dije: «Resbalan mis pies», tu fiel amor, SEÑOR, vino a ayudarme. Yo estaba muy preocupado e intranquilo, pero tú me consolaste y me llenaste de alegría.”
— Salmo 94:18-19 (NTV)
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Tu actitud importa. Habla de Dios con tu forma de vivir.
Julio Calo
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